Flagelación (y parte III)
Esta es la pieza final de la trilogía, aunque no tenga nada que ver con la relgión. Muchos listillos dicen que es la anterior la que cierra el ciclo religioso con la pérdida de fé, y esas cosas, y aunque las dos se fechan en el mismo año, 1963, en relidad, Los Comulgantes se hizo un año antes, en 1962. Los gafapastas se creen que Ingmar Bergman es el George Lucas de las pelis de locos, terminando una saga que continuará 20 años después, al final veremos que algún parecido sí que hay.
Al principio de esta película suena el tic-tac de un reloj, un recurso misterioso para simbolizar algo, la temporalidad del ser y la inmortalidad de ... el concepto de frigo pie.
Pero cuando vuelve a sonar casi al final, cuando un conserje da cuerda a su reloj mientras una protagonsita parece que va a morir, tic-tac, tic-tac, ... A la protagonista se le pasa lo que tuviera, como si nada, y la película no acaba. Sólo por eso se merece un apaluso a la infamia. El simbolismo no era tal, gafapastas agachad la cabeza, que esto empieza.
El Silencio - Ingmar Bergman (1963)
Ya desde el principio de una película de Bergman, he aprendido a fijarme en cuáles son las taras mentales de cada uno de los personajes. Primero, una mujer que a causa de una enfermedad desconocida, seguramente mental, y por la que está a punto de morir, se pasa toda la película masturbándose y refunfuñando por todo. Su hermana es una nórdica esculpida para parecerse a Sofía Loren, solo que más fea y con más tetas
(esto tendremos la ocasión de comprobarlo repetidas veces en la película, como veremos después), y que se le hace el orcate agua por probar la morcilla local. Y por último, un niño, el hijo de la nórdica, que es en apariencia normal, pero por inconsistencias del guión parecerá comportarse como un retrasado con sobredosis de cafeína.
La película es distinta a las otras dos que forman
Se usa la excusa de que los protagonistas están temporalmente en una ciudad extranjera inventada cuyo idioma no entienden, y así hablar y que nadie les conteste. Debe de ser un chiste privado de Bergman. Qué es lo que le responde un actor de esta película a otro: "EL SILENCIO", descojonante.
Bergman es consciente de que hace películas absurdas, así que cuando te preguntas cuándo van a salir los payasos en este circo aparecen ... ¡¡unos enanos!! Oh, sí, hablan un lenguaje mal grabado y con acento rural, como cuando en las películas de espías hablan con un tipo con bigote, al que otro tipo con gafas le tiene que traducir lo que dice. Pero el idioma de esta gente es un poco familiar ... oh, es español, pero como lo que dicen es de relleno sueltan frases hechas típicas de su ciudad de origen, que es como bien pone en su equipaje: Madrid, como: "Ándele, pendejo" o "Estuvo bueno, güey". Un poco inexacto, cuando todos los directores saben que Madrid está en una isla del pacífico y no en México.
No pueden faltar las escenas "¿Pero por qué coño me cuentas todo esto?". En una, el conserje del hotel donde se alojan nuestros entrañables seres, le cuenta al niño su vida en un lenguaje incomprensible, que él no entiende y mientras le enseña unas fotos de gente triste y llena de piojos. El niño las coge, se va corriendo y las esconde debajo de una alfombra, en un plano misterioso, deja sobresalir un poco una de ellas. No se vuelve a saber nada de ellas, ni quién sale en ellas y
ni siquiera el conserje se acuerda de ellas. Y otra más: Un tanque atraviesa la calle, se para delante del hotel donde están alojados y a continuación sigue calle abajo haciendo temblar las paredes. Para esa escena se podría haber usado un diplodocus rosa con una svastika pintada y tendría la misma o más repercusión para la trama.
La escena que más gracia me hizo es la de la madre del niño que se pone un vestido blanco y se va a la calle, se toma un café y el pervertido del camarero hace como que se le cae algo debajo de la mesa,
con el disimulo en el culo, sólo para ver si debajo de la falda hay pelo o hay lana.
Después, ella se mete en un teatro en la misma calle y a medio día, ve dentro a una pareja follando cual epilépticos en el momento cumbre de su mejor ataque. Excitada, baja y busca al camarero pervertido de antes. Poco después regresa a su habitación con manchas, quizá con forma de mano, estratégicamente puestas en el culo, espalda y tetas. Su hermana moribunda y onanista le pregunta qué ha hecho, ... pero que se lo diga con todos los detalles.
Os joderé la peli diciendo que la enferma (la que se muere) le deja al pequeño niño un papel misterioso con palabras del idioma de esa ciudad inventada, como si fuera el punto final que hace encajar todas las piezas de un argumento retorcido e incoherente. La madre lo lee, pensando: "Que tontería, se muere y le escribe como se dice ornitorrinco, calcetín y trágatelo todo". Yo creo que la madre era analfabeta y en realidad estaba escrito "Yo soy tu madre. Y la otra es muy puta" demostrando que Star Wars no inventó nada, y enlazando con lo que dije al principio del artículo.
PS: Al terminar el segundo artículo de esta serie he visto que en los kioscos están vendiendo películas de Bergman, me alegra que esta serie de críticas destructivas no tengan nada que ver con ello. De todas formas es una buena oportunidad para entender el cine putruñesco actual. Si las encontrais, es obligatoria la compra junto a G.I. Joe: La película, también en kioscos. Es igual de mala pero, al menos os reireis más. Sale una villana que se llama Pitona, no digo más.
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