miércoles 19 de mayo de 2010

Polvo de Estrellas

... o estrellas hechas polvo.

Como se dice que no se puede ir a Madrid sin ver un músical antes de irte, se debe de aplicar lo mismo al visitar el Times Square de Nueva York. Una pena que los músicales no me atraigan demasiado, sobre todo si se tratan del requemao West Side Story, Mamma Mia, o de El Rey León, pero con gente real y rabos pegados al culo.

En el mismo Broadway de los teatros y musicales hay un restaurante que pasa desapercibido por los neones de su marquesina, la estética de puticlub ha conseguido que estos anuncios logren el efecto contrario al de hace 50 años. Se trata del Ellen's Stardust Diner, un sitio ambientado en los años 50, situado entre todos esos gigantescos carteles de modelos alienígenas anunciando las últimas pijadas 3D de Samsung. La compañía en este tipo de sitios es importante, con quién vas a compartir un recuerdo tan impactante, y sórdido, como pocos. En esta ocasión agradezco a La Bohem, princesa heredera de los tronos de porcelana de Brooklyn, su grata compañía, pellizcos en los pezones y fotos que ilustran este pedazo olvidable de internet.

Un restaurante en el que, nada más entrar, todo parece una locura en la que apenas 5 camareros atienden lo que podrían ser 60 mesas en un espacio relativamente pequeño. Añadimos a eso la estética de los 50 incluyendo televisiones y todo tipo de rótulos y detalles retro, además de una maqueta de tren dando vueltas por todo el local. Una pantalla central como si fuera un cine al aire libre Drive-In y por último lo más sorprendente. La música.

La música a veces son canciones que pueden pasar de temas de la época, canciones de musicales o rockabilly. Pero todas ellas son cantadas por sorpresa por camareras o camareros mientras están atendiendo, cobrando o incluso tomando nota. Con el micrófono en mano, un camarero, puede decir a una abuela que le va a hacer un bomp-bah-bah-bomp-bah-bomp y un rama-lama-lama-ding-dong con su whoop-po-bi-doo durante toda la whoa-whoa-whoa all night long con todo el amor acumulado en sus gordas boogity-boogity-shoo enfrente de su marido mientras le repasa los remolinos con el dedo a la vez que a ti te toma nota de un batido.

Y es que hay un proceso complicado para ser camarero de este local. Hay tantos aspirantes a castings de musical en Nueva York, que hasta empieza a haber gente que se le va la cabeza y empieza a cantar a grito pelado en mitad de la calle como almas en pena: UuuuuuuuuuhUuuuuuhhuuuuhh, como si fueran Christine del Fantasma de la Ópera. Muchos de los actores de musicales retirados, como la octava reposición de Grease, no tienen que ir muy lejos para buscar trabajo, en la misma manzana pueden pedirlo, seguir cantando las mismas canciones y ganarse el pan con las propinillas.

El menú también es típico de cualquier antro donde cenase el padre de McFly: macarrones con albóndigas, hamburguesas caseras, perritos calientes con chili, batidos en vaso alto y sangría (¿?). Si un día hay que comer comida rápida, que sea comiendo mientras un tipo de dudosa sexualidad menea la pelvis sentado detrás de la nuca de una de las que forman la reunión de abuelas de al lado, y canta el Mercy de Duffy mientras las camareras le hacen los coros alrededor de tu mesa en dolby churraund. Impagable.

Aquí un reportaje destroyer del Today de la NBC sobre el sitio.



Hoy: Fireflight - You Give Me That Feeling